el duque de Wllington asistia una vez a una reunion en la cual en grupo de cristianos discutia la posibilidad de exito en el esfuerzo misionero entre los paganos. Apelaron al duque para que dirijiese si, a su parecer, los tales esfuerzos obtendran un extio proporcionado al costo. El viejo soldado contesto: -Caballeros, ¿cual es vuestra orden de marcha? El extio no es una cuestion que os toque discutir. Si mal no entiendo, las ordenes que se les dan son estas: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura”. Caballeros, obedezcan sus ordenes de marcha. (obreros evangelicos, p. 120.)